¿50 años de juventud?*


George Steiner


Las raíces de las palabras van al corazón de las cosas. Este corazón puede ser múltiple, incluso contradictorias entre sí. Fasti, la designación Latina tanto para los días en los cuales los negocios o los asuntos de interés cívico pueden controlarse como para las fiestas, para los días separados para la celebración de los dioses. Feste, el insondable payaso de Noche de Reyes de Shakespeare, en quien la música de alegría y aquella de la desolación son inextricables. 'Festivales' viene al inglés del Francés Antiguo y del Italiano. Ellos se engalanan ('festooned'). Spenser ve los regocijos solemnes en la entera constelación etimológica. Pero hay también, e inmemorialmente, agasajos para el muerto, una festividad (festivitas) tan antigua como los juegos funerales para Patroklus en la Ilíada. Cuales sean sus regocijos, un festival, porque pone a un lado el tiempo normal, porque congrega los seres humanos en una consonancia de sentimiento, traerá consigo un toque de mortalidad. Nuevamente, una desanimante ambigüedad habita el diccionario: una saturnalia estalla bajo la égida del dios de la melancolía, un carnaval, sea en Nápoles o en México, despliega sus sonrientes calaveras. "Andando, andando muerte," canta Feste a Orsino en una línea cuya duplicidad mágica actualiza, más allá de toda paráfrasis o justificación lógica, la tristeza oculta, la tristitia que da al verdadero festival su gravedad gozosa. 

No sabemos de ninguna sociedad, de ninguna cultura, sin sus festivales. Sus orígenes pueden haber sido rituales; la comunidad reunida para la celebración de las estaciones, de sus divinidades, de sus sacerdotes - reyes. Habrá sido frecuentemente político: la enumeración de las tribus, la conmemoración o la súplica por la victoria. La línea entre sagrado y profano, entre un festival de cosecha y una concentración de Nuremberg[1], es difícil de trazar. Las ideologías han instituido siempre festivales para simbolizar sus credos: el nuevo calendario de la Revolución Francesa está lleno de festividades engalanadas, como lo está el de los regímenes totalitarios modernos. Los déspotas son, célebremente, maestros de jolgorios. La Fiesta de la Razón, diseñada y celebrada por Robespierre en 1794, reunía música y coreografía solemne, poesía y sermón. El dictador y sus acólitos cuidaron cada detalle de la vestimenta y de la procesión. La nación iba a exultar en una 'ceremonia de inocencia' y éxtasis racional. Adornados en sus vestidos festivos, entretejidos de flores, los monarcas del día no podían siquiera haber imaginado que su marcha cadenciosa era un retroceso. Semanas después, ellos yacen muertos. ¡Cuán molestos son los diseños de los festivales ! El más temprano de que tenemos noticia se remonta a la antigua Grecia. Hasta donde nosotros podemos descubrir sus arcaicas características, estos festivales fueron puestos en escena en los santuarios de los héroes y deidades locales. Ellos estaban pensados para reunir en celebración y en pruebas atléticas a las ciudades - estado, de otra manera, con frecuencia, divididas o en guerra. Las pugnas y triunfos atléticos eran un sustituto de modos de polémica más destructivos. Ellos aunaban fervor feroz e intereses de finanzas y prestigio. Se erigieron estatuas a los vencedores y mecenas. Oprobio y sospechas de soborno se asociaron a los vencidos. A juzgar por inscripciones votivas y epitafios, la amargura, las prácticas bruscas, la más o menos palpable corrupción que rodeaba estos juegos festivos son dignos de nuestros propios deportes actualmente mercantilistas y de difusión masiva. Desde muy temprano, además, las artes figuraron en los juegos. Esta es una conjunción fascinante que intrigó e inspiró hondamente al joven Nietzsche. No se trata solamente de que la poesía suprema, como en Homero y Píndaro, se explayara en los diversos sucesos atléticos —las carreras a pie o de aurigas—, el boxeo y la lucha, el tiro con arco y el lanzamiento de disco y jabalina. Es que los mismos rapsodas, los cantores del verso épico y lírico, tomaron parte en competición rival. Esto no es de ninguna manera una congruencia obvia. Esto manifiesta trazos profundos en la sensibilidad Helénica. Aduce un sentido ubicuo de despliegue rival endémico en el debate filosófico, la retórica legal, los conflictos políticos y la vida corporativa de la antigua Grecia . Refleja la máxima de Heráclito : ‘el combate es el padre de todas las cosas’. Cuando la tragedia Ática fue instituida como una celebración de Dionisios, el paradigma de un concurso atlético predominó nuevamente: los dramaturgos se enfrentaron el uno contra el otro y los laureles premiaron la victoria. Fue como si la mentalidad Griega arcaica y clásica hubiera intuido algún impulso profundamente corpóreo o muscular en la composición y representación de literatura, de música (en el baile es obvia tal intuición). De manera análoga a la del deporte, rapsodas y dramaturgos se desafiaron el uno al otro en su presentación de los mismos mitos, de géneros poéticos reglamentados. Ellos también hablaban por su clan o ciudad. 

El fundador de nuestros juegos Olímpicos, Pierre de Coubertin, se propuso reproducir esta interacción entre el deporte y las artes. En los juegos olímpicos de Estocolmo en 1912, las medallas de oro fueron concedidas por supremacía en arquitectura, música, pintura, escultura y literatura. Esta práctica persistió hasta los juegos de Londres en 1948. Los premios, y las competiciones que ellos coronaban, fueron una característica, políticamente ambigua, de los resplandecientes olímpicos de Berlín de 1936. Este verano se está desarrollando en Atlanta un Festival Olímpico de Artes. Cerca de tres mil artistas y ejecutantes están involucrados en veintiocho lugares y veintiuna exposiciones. Las ‘Cinco pasiones en el Arte Mundial’ en el Museo de Arte de Atlanta quieren significar un paralelo con los cinco anillos del Logotipo Olímpico. En un híbrido, radicalmente platónico en espíritu, hoy hay ‘Olimpíadas Matemáticas’, enfrentándose mutuamente los prodigios de naciones y sistemas educativos rivales. En suma, de los juegos festivos en Corintio o Delfos a los ‘concursos de canto’ en la Alemania medieval (ellos inspiraron la ópera Wagneriana y el Festival de Bayreuth), las artes han competido en todo el camino hasta los juegos olímpicos modernos. En los espectáculos de Nerón a los que ya he aludido, en el ballet gimnástico y en el son et lumiére* de las festividades Nacional - Socialistas y Estalinistas, lo atlético y lo estético, el puño del boxeador y el himno masificado del coro se encuentran fatalmente cerca. Por eso los festivales pueden tener en ellos no solamente la máscara de la melancolía, sino más de un toque de violencia. 

Violencia y tristeza inefables subyacen inmediatamente al inicio del Festival de Edimburgo. Munich y Salzburgo yacen, en gran medida, en la ruina. Una aura de Nazismo emanaba de ambos. Bayreuth figuraba específicamente en las listas de la denazificación. Para Rudolf Bing** , al reflexionar sobre el futuro en el tardío 1944, parecía evidente que estos festivales continentales nunca recobrarían su prestigio artístico o social. Que este más plausible pronóstico fuera totalmente erróneo es un hecho llamativo e inquietante. De él cuelga gran parte de nuestra historia reciente y actual. Junto con H. Harvey Wood y otros funcionarios del Consejo Británico, Bing hizo planes. La evidencia sugiere que era Harvey Wood quien defendió Edimburgo como el lugar natural. El primer festival, en el ‘pegajoso’ verano de 1947, hospedó un puñado de talento: la Compañía Louis Jouvet de Francia, la Filarmónica de Viena dirigida por Bruno Walter, los recitales de música de cámara de Schnabel - Szigeti - Fournier -Primrose (E.M. Forster vio, en sus ejecuciones, un amanecer de misericordia y esperanza humanos después de la noche terrible de la guerra mundial). En los años siguientes, el elemento doméstico vino por sí mismo con el famoso montaje de El Thrie Estaites con Guthrie y el portento diáfano de Kathleen Ferrier. Desde el momento de su primer recital con Bruno Walter en 1949, el resplandor de Ferrier, notablemente en La canción de la tierra de Mahler, llegó a ser emblemático del Festival mismo. El Brahms de Fischer -Dieskau siguió en 1952. Bliss, Beecham, Barbirolli ayudaron a identificar Edimburgo con uno de los momentos estelares en la vida orquestal Británica. Entre 1951 y 1967 Edimburgo era anfitrión de las mejores orquestas sinfónicas estadounidenses: Nueva York, Boston, Pittsburgh, Cleveland. La Filarmónica Checa trajo en 1959 su incomparable Dvórak y Smetana. Un año después vino la Orquesta Sinfónica de Leningrado, iniciando una ininterrumpida relación entre Edimburgo y la música, el drama y el arte Rusos. 

Bajo la dirección de Lord Harewood (1961-65), el énfasis se puso en la presentación de nuevas obras y compositores menos conocidos. Alexander Gibson y la Orquesta Nacional Escocesa hicieron el premier de obras de Musgrave, Thomas Wilson, Iain Hamilton. El sexagésimo cumpleaños de Michel Tippett se celebró con gran estilo en 1965. Dado el molesto problema de la ausencia de una adecuada casa de ópera, el récord del Festival de Edimburgo en este crucial pero perennemente azaroso dominio es completamente impresionante. Las Bodas de Fígaro de Glyndebourne fue la plataforma de lanzamiento, junto con su producción del Macbeth de Verdi (una elección indudablemente adecuada). El Baile de Máscaras de Carl Ebert de 1949 sigue siendo leyenda. La modernidad entró con un Progreso de Rake en 1953. Pronto la Opera del Estado de Hamburgo, bajo Günther Rennert, llegó a ser una presencia habitual. Cierta María Meninghini Callas, cantando en La Sonnanmbula en 1957, "inflamó la audencia en un entusiasmo febril sin paralelo en la historia de los anales operáticos del Festival." Los célebremente frenéticos Príncipe Igor y Khovanshchina del Teatro Nacional de Belgrado, con esos coros extensos y sombríos como el mar, son inolvidables todavía. El año Janazcek de 1964 alteró literalmente la estatura, la disponibilidad de este maestro en el mundo de la ópera. El punto decisivo bien puede haber sido la insensibilizadora producción del Diario de la Casa del Muerto por el Teatro Nacional de Praga. La Ópera Escocesa contribuía ahora con representaciones notables de Stravinsky, Britten, Henze. Los Troyanos de 1969 y 1972 con Janet Baker, con Helda Dernesch se acercó como ninguna que hayamos tenido para hacernos caer en cuenta de las intensas demandas escénico - musicales de la obra maestra de Berlioz. En realidad Hector Berlioz ha encontrado en Edimburgo la escenificación tan frecuentemente negada a él en su propio país. Otra dificilísima obra maestra, Soldaten de Zimmermann, fue producida en 1972 (el Metropolitan de Nueva York todavía tiene que hacer lo mismo).

Cómo va uno a hacer justicia al drama en el Festival, excepto por tediosa enumeración; al principio Moliére, Giraudoux, T. S. Eliot, Anouilh. Para marcar el décimo aniversario del Festival, en 1956, hubo piezas de Goldoni, Pirandello, Shakespeare, Shaw, Bridie y Dylan Thomas, junto con las adaptaciones de Sófocles hechas por Yeats. Doctor Faustus ha sido un visitante habitual. Notables puestas en escena de Shakespeare —Ian McKellen en Richard II, las producciones de Guthrie y de Joan Littlewood, el absolutamente hipnotizante Macbeth de la Compañía de Teatro Toho de Japón— han sido constantes. 

 

La carencia de competencia me obliga para omitir, desde iguala las más breve de encuestas, las Edimburgo contribuciones de Festival al ballet y para filmar. Ambos haber, desde el comenzar, caracterizado poderosamente sobre el programa. Como tener las exposiciones de arte. Estos no habían sido considerados por los proyectistas originales. Ellos comenzaron, a la misma cumbre, con la exhibición de treinta - seis de pinturas por Rembrandt en 1950. El CŽzanne - el espectáculo de 1954 probado "el más fino y muy completo siempre para ser vio en Bretaña". Setenta - ocho Gaugins en 1955, ochenta - seis Braques el próximo año. La Percha Azul - escuela, Kandinsky, Epstein, Modigliani, Delacroix, el Canadiense pintando, los @+surrealista Belgas, Charles Rennie Mackintosh, Paul Klee, Giacometti y una partitura de otros - un catálogo tan estelar en su recurso al establecido como ha estado en su argumento para el nuevo. 

 

La historia de 'the Fleco ' restos para ser escrito. Su floración podría fecharse desde la revisión muy tarde Más allá de el Fleco, permitida en el 1960. Esto relumbrando @@saturnalia había de hecho sido encargado por John Bassett, asistente al Festival tercero director, Robert Noel Ponsonby. Estuvo para transformar el paisaje de risa. Hoy, Orlar - las ocurrencias corren en los centenares. A sus mejor, 'main-liné y Orlar las presentaciones tienen, como era, @@interpenetrated. Ambos, por ejemplo, el Ronconi que monta de Ariostós Orlando Furioso (1970) y el Euripides Bacchae puso en por la Compañía de Actores en 1974, cada de que @@enthralled el público de Festival, tuvo elementos de calle - el teatro, de improvisación que 'spilled sobre ' desde el tradicional @@playhouse en el tumulto de las calles. 

 

Manifestly, el desarrollo del Festival ha reflejado las personalidades muy diferentes de sus directores. Ni Ian de Cazador ni Ponsonby se juzgan para tener surgidos totalmente desde la sombra larga de Rudolf Bing's @@instaurations. Harewood se comprometió, por el instinto y la experiencia, al primado de ópera. El grande cambio vino con el @@prepotent estilo y nacionalismo de John Drummond en el decenio de 1980. Paradójicamente, Drummond's nacionalismo, con su reclutamiento formidable del material y talento Escocés, extendido al otro, a veces descuidó, culturas étnicas. El invitó el Rustaveli de Teatro de Georgia a la jugada Shakespeare y Brecht en su lengua propia (con resultados @+encandilar). Para qué él fieltro a ser ópera insaciable extranjera - compañías, Drummond sustituyó tales compañías nativas como el Kent de Opera. Muchos dirían que su cisne - la canción de año, 1983, centrado sobre el tema "Viena 1900" resultada la más inventiva, dinámica y @@intellectually dando a conocer en la crónica entera del Festival de Edimburgo. Nadie vino más cercano para hacer de Edimburgo un @@uncompromisingly corazón Escocés de Europa. Dunlop Campechano continuado en Drummond's espíritu. El expandió, notablemente, los @@venues en que sucesos poder montarse (St. La novia era uno de sus descubrimientos). Parejos como Drummond había construido sobre los logros de Peter Diamand's largos @@rŽgime (1966-78), especialmente en la esfera musical, tan Dunlop desarrolló, en una algo más vena populista y didáctica, Drummond's proezas. Sobre todo, él no era asustado para subrayar la fortaleza local del Festival: el volumen de boleta - las ventas hacen, después que todos, van a habitantes de Edimburgo y el Lothians. Una octava égida, el de Brian McMaster, está en el lugar desde 1992, y Yo no avergonzaré Mr McMaster, quien está entre nosotros, diciendo cuan obvio, como encandilando haber sido sus éxitos. *

 

¿ Cuales son las relaciones entre festivales y la vida de los artes? Idealmente, los festivales deben para incluir @@premires. Ellos deberían encargar nuevos trabajos. Las tales comisiones pueden ser vitales a más jovenes o menores - conocidos artistas, compositores, dramaturgos, los coreógrafos y filman - hacedores. Los festivales, tal como que 'of Bretaña ', pueden inspirar arquitectura importante. Allí deber ser ningunos festivales sin su @@crŽations - el término Francés que @+siendo exactamente derecho. El auspicio es siempre riesgoso. Los nuevos trabajos pueden ser costosos para encargar y al montaje. El auditorio, que la bestia recalcitrante, será proclive para ser desagradado o estadía lejos. Las líneas vedada festivas no obtienen invariablemente desde artistas su mejor trabajo. Cuan muy mucho festival @@oratorios, las cantatas, propone, exhibición - juega o proyectos arquitectónicos @@moulder casi inmediatamente en el polvo. Ninguno el menos, es el 'making lo nuevo ', en Ezra el lema de Libra, que la mayoría pretenciosamente relaciona un festival con la cultura. Sobre estas décadas pasadas, avant-garde la música ha viajado mejor al respecto. El contemporáneo - música de festivales de Europa y el América del Norte - considera que a Donau-Eschingen - ha encargado, @@premired y diseminado, por medio de grabaciones, muchas de qué materias en luego vigésima - siglo música instrumental y vocal. La historia del Venecia Biennale es, para mejor o peor, inseparable desde el del arte moderno. T.S. Eliot's el Asesinato en la Catedral surgido de una comisión para un festiva @@commermoration. Hofmannsthal's Jedermann viene cerca a Salzburg justificador. 

 

Un segundo criterio está el del renacimiento o la presentación de trabajos descuidados o de trabajos difíciles montar, para exponer, para desempeñar debajo el mercado normal - circunstancias. Hay textos comandantes seguros, por ejemplo, en la literatura moderna, Claudel's @@leviathan Soulier @@de satén, Karl Kraus's Ultimos Días de Humanidad, resistente a la rutina o el comercial montando. En el castillo - guardar a Avignon, Claudel viene triunfantemente en su propio. Pero igualar un 'classic', tal como Goethés Faust II puede único se monta dentro de un festival especial colocando. Es, Yo creo, en algún tal contexto (como el Salzburg de producción ha mostrado) que Messiaen's el monstruo @@sacrŽ, su Santo Francis, puede totalmente apreciarse. Yo anticipo con interés una Edimburgo producción de Festival de Ibsen's montañoso pero @@enthralling Emperador y Galilean. La elección por un festival de un 'thematic' compositor, pintor, el coreógrafo, @@cinŽaste, puede ser profundamente @@educative. Y, a la vez, @@wonderfully riesgoso. Hay los dueños quien surgen la mayores para están enterado totalidad; y esos quien, cuando sus trabajos se arman, disminuidos. En ambos casos, la prueba ilumina. Ningún menos enriqueciendo de conciencia es la resurrección, por un festival, de música, drama, el arte perdió a la conciencia actual o elegante. Vivaldi ahora, como era, los papeles nuestras paredes. Su ubicuidad tiene su fuente en un festival modesto en Siena algunos hace sesenta años. Aquí, también, los logros de Edimburgo tienen sido de fortaleza particular. 

 

Pero el fin más complejo de unos festivales de artes es, Yo imagino, el de traer en informador @@interplay y reciprocidad los artes diferentes. La naturaleza, la validez de tales contigüidades es sí mismo una pregunta más exigente. En su historia occidental, poco @@genres haber siempre sido, o buscó para ser, rigurosamente 'puré. El drama, el baile y los medios plásticos de ilusión pintoresca han colaborado desde sus origenes. Desde luego Aristóteles es @@magisterially concernido con tratar de conseguir el balance entre ellos derecho. La ópera es, por misma definición, una forma híbrida en que, hasta que veces modernas, hablen diálogo o el mimo jugó una parte esencial. La @@dialectic, en nuestra historia, entre la música y pintar el restos para ser explorado. Nosotros sabemos de grandes pintores quien insistió sobre el acompañamiento musical para sus jornadas de retrato. Los pintores eminentes numerosos han tomado el momento musical para sus @@motif (Giorgione, Vermeer, Braque, Picasso). Profundo dentro de el correo - Impresionista y el arte abstracto yace la analogía a la forma musical. Scriabin busca equiparar notas para colorear. En la película, representar y partitura, palabra y el movimiento son necesariamente punto. 

 

Así el ideal, la esencia administrativa de un festival de los artes, es, implícitamente o explícitamente, el del Gesamtkunstwerk. Era Wagner's @@incomparable el genio y truco para hacer de esta @@polymorphic asamblea la sustancia de sus óperas, y para dar cuenta su promulgación en el Festspiele a Bayreuth. El mago en él, de inmediato corrompe y @@messianic, reune en su mano propia cada hilo. La arquitectura del Festspielhaus es su. Cada detalle de diseño pintoresco, la pintura, el movimiento, estuvo para ser integrada en el espectáculo. Wagnerian la música operística es ambos, @@transcendentally, sí mismo y un @@rapacious el inventario de todo el otro @@genres. Alrededor su desempeño, además, Wagner cosecha una prodigalidad de poética y didáctica @@textuality. Sus 'books' o los libretos, pertenecen a la historia de literatura (hay escenas en el texto del Meistersinger que puede justamente ser calificado como Shakespearean). Wagner's teórico - las escrituras programáticas sobre la ópera, sobre el drama, sobre la política de una cultura nacional, circunscriben la música real - dramas con una riqueza de @@imperious @@explication. Y es la @@tranced la subida de multitudes arriba esa colina en Bayreuth, es su @@somnambular @@homegoing sobre la noche de cierre del Anillo o después de Isoldés Liebestod, que, en la distante, @@conjectural la imagen de los espectadores Griegos antiguas en Atenas o Epidauros, ha definido y generado el festival - auditorio de hoy. Adondequiera que tal auditorio sienta sí mismo 'fusing' en el unísono coral respondiente, ser lo en Spoleto o Avignon, Berlín o Parque Central de Manhattan, el @@templet está el de Wagner's Bayreuth. 

 

Excluir el genio y propósito especial de un Wagner, es la inclusión de literatura en cualquier festival general de artes que ha probado muy torpe. Hugh MacDiarmid's las involucraciones llenas con el Festival de Edimburgo ilustran algunos de los problemas. Era John Drummond quien más, quizás, que cualquier otro director, buscó para incorporar los artes de la palabra. El Festival ha sido anfitrión a discusiones memorables, lee y conferencias. Yo recuerdo el pequeño pero el auditorio generoso cuando Yo presenté una selección de versiones importantes de más Domésticas en el Inglés lee para mí por Cristóbal Logue. Pero, en conjunto, es único a algunas de las lecturas por poetas a la masa - los auditorios en Rusia o durante el movimiento de Golpe en los Estados Unidos que han rescatado siempre qué deben haber sido el ambiente de @@rhapsodic concursos y recitaciones épicas a los juegos Griegos antiguas. La poesía 'marathons' se ha tratada (la misma expresión es problemática), pero haber triunfado rara vez. Aquí, una vez más, una asociación más significativa con la música y la pintura puede valer explorador. El alcance de la dificultad ha, a la vez, sido mostrado por la multiplicación, sobre estos años recientes, de festivales casi exclusivamente literarios tal como esos en Cheltenham, en el Heno - sobre - Wye o a Brighton. 

Publicado en la revista el malpensante


 

[1] Famosos eventos organizados por Hitler.

* Sonido y luz

** Gerente del Metropolitan Opera House en los años 50.

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