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Alejandro Bayer Tamayo
alebayert@gmail.com

Empecé mi carrera en este mundo en la fría Bogotá (Colombia) en 1965. Soy el cuarto de siete hijos, uno de los cuales no tuvo la dicha de vivir mucho tiempo en este planeta, sino más bien aquella de gozar pronto de esa vida que yo espero.

Sin mucha disciplina di brega a muchos profesores (satisfice a algunos de ellos aunque en pocas cosas) en tres colegios distintos: el San Tarcisio, el Liceo de Cervantes y aquel en el que logré concluír lo que llaman educación escolar: el Gimnasio de los Cerros. En ellos hice muy poco más que lo que hacen todos: cumplir obligaciones cuya razón de ser no comprendía, y salir de ellas con el menor esfuerzo posible. ¡Qué triste no haber tenido en ellos la bella oportunidad de descubrir las gozosas realidades de la búsqueda y la adquisición del conocimiento!

Me dieron el título de abogado en la Universidad de Caldas, en Manizales, luego de repetidos intentos de abandonar la carrera. Lo recibí en 1991 (feliz de acabar con aquella tortura) luego de presentar los exámenes preparatorios y de redactar con un amigo una tesis sobre “La deuda externa y el contrato de empréstito”. Quiero contar al lector que tras presentarla y obtener el título decidí dos cosas muy importantes: no practicar lo que llaman Derecho y evitar hablar de lo que desconozco. Lo primero lo he logrado con todo éxito pues no es excesivamente difícil escapar al ejercicio de una profesión; y para lograr lo segundo aún tengo que hacer grandes esfuerzos: la tentación de hablar de lo que no se sabe es constante y poderosa.

Como en tanto tiempo invertido había aprendido muy pocas cosas que satisficieran mi deseo de saber, a pesar de algunos consejos en contra me decidí a hacer un doctorado. El camino fue un comienzo delicioso -aunque duro- y muy importante de mi verdadero aprendizaje, que aún está en sus comienzos y que no terminará nunca. Escogí como lugar de estudio una prestigiosa universidad española situada en Pamplona (la de Navarra), lugar en el que residí durante dos años. Para llevar a cabo el trabajo emprendido también hube de vivir en Oxford e investigar en sus bibliotecas. Inicialmente estudié asuntos de Filosofía del derecho, pero luego me encaminé hacia la filosofía del arte, del lenguaje y de la cultura: me detuve todo ese tiempo en la obra de un estudioso, ensayista y crítico de origen judío, George Steiner: sobre su obra escribí mi tesis (“La obra de George Steiner: la lectura del hombre”), que defendí en abril de 1996.

Al regreso a mi país (del que no pienso salir nunca más) trabajé como profesor de la Universidad de Antioquia (Medellín) dictando seminarios y cursos en el Instituto de Filosofía y en el programa de Español y Literatura de la Facultad de Educación. También he desarrollado diversos intentos de labor docente en colegios y en otras universidades, con experiencias cada vez menos gratificantes, pero al fin y al cabo experiencias de las que intento aprender y gracias a las cuales intento comprender-me y comprender al ser humano.

Durante varios años he intentado por diversos medios enseñar a otros lo que yo sigo intentado aprender: leer bien. Por medio de la literatura, del cine, de la música, considerados como fines y no como medios para el prestigio, la "cultura", el ejercicio de una profesión, etc., busco aprender y guiar a otros a ver lo que viene a nosotros a través de la belleza creada.

Llevo años intentado, y no más que eso, enseñar a otros lo que yo tardé tanto tiempo en descubrir: que solo valiéndose de los medios que dirigen nuestro interior hacia el conocimiento de nosotros mismos es posible pasar por esta vida de un modo más o menos digno, y deseo ardientemente facilitar al mayor número de personas el aprendizaje del uso de esos medios.

Pienso que en una medida nada despreciable la solución para una buena cantidad de nuestros acuciantes problemas se encuentra en ese camino, y estoy dispuesto a hacer cualquier cosa para ayudar a recorrerlo a toda persona bien dispuesta.

He escrito un pequeño número de ensayos; he hecho traducciones del inglés; he comentado libros y películas; he invitado a otros a escuchar la música que exige ser escuchada; he procurado ayudar a otros a leer mucho, a ver buen cine, a enriquecerse con los grandes tesoros que se ocultan y se revelan en el arte. Los logros han sido pocos, aunque algunos han sido buenos.

Desde hace un poco más de un año escribo con regularidad ideas en un formato que algún ángel me insinuó (mientras vivía en la bienamada Medellín), y que considero un nuevo género literario (ja, ja): los magazines Novalectio. Son envíos por correo electrónico de periodicidad no superior a la de dos por semana, que reciben quienes lo desean; también envío -más o menos quincenalmente- un magazín especial, que reemplaza el segundo correspondiente a esa semana. Lo que allí aparece es resultado de una labor amable de escritura cuyos frutos son invisibles pero sabrosos (ya palpados de algún modo). Cuando puedo escribo sobre diversos asuntos de un modo más ambicioso, o más generoso, para que no suene mal; los resultados han vuelto a verse honrados por la publicación gracias a un buen amigo de México.[Quien quiera conocer el contenido de los magazines ya publicados puede hacerlo en la sección creada para tal fin en este sitio. Si usted desea recibirlos cuando son publicados envíeme un correo expresando ese deseo y yo lo incluyo con gusto en el listado de receptores (lectores)].

Una buena muestra de mis áreas de interés puede verse en mi página, así como en la lista de las conferencias o cursos o seminarios que he dado, en los que he hablado sobre la influencia de la música en la sexualidad, sobre el arte como configurador de nuestra afectividad, sobre las cuatro formas del entusiasmo socrático, sobre la búsqueda de la verdad como auténtico motivo en los estudios universitarios, sobre la libertad, la televisión y el cine, o sobre la lectura en los que yo considero como tiempos de perplejidad y tedio, que son los nuestros; sobre la importancia de la lectura y de la experiencia estética; así mismo he hablado sobre lo mismo al exponer mis puntos de vista acerca de el arte y lo humano o sobre el interés por los libros. A fines del 2006 dicté en Armenia (una ciudad de mi país) una conferencia sobre el suicidio: sobre ese tema debo terminar un escrito que espero ver publicado prontamente.

Pero también me he interesado y he tratado de interesar a otros sobre la noción de país y nuestra carencia de identidad, o sobre el proceso de civilización, y he expuesto mis ideas al respecto a grupos de alumnos universitarios. Siempre, claro está, con el relativo éxito que una sola sesión de exposición puede tener: poco o ninguno, si por éxito en este campo ha de entenderse el movimiento deliberado de algunas mentes hacia una mayor comprensión de los temas tratados.

No muy lejos de estos temas han estado aquellos sobre los que me han publicado en diversos medios: en la Revista Universidad de Antioquia un ensayo titulado “Universidad vs. Academia”, y el titulado “Steiner y la música”; en México y España me publicaron aquel del que más orgulloso y agradecido me siento: “Sobre el mail, el silencio y la cortesía”. Y hay otros que no han sido publicados, alguno de los cuales me gusta especialmente: su tema es sin duda importante, el insomnio, y quizás algún día sea visto impreso en alguna revista. También me han publicado traducciones: la de “El lector no común”, la de “La lectura en una época de Post - alfabetismo”, ambos de George Steiner. En la revista el malpensante (revista cuya lectura no recomiendo a ningún "bienpensante", título más honroso y digno para un ser humano) publicaron una reseña de Pasión Intacta (del mismo autor). En esa misma revista hicieron pública la traducción que hice de una conferencia suya y que titulamos “¿50 años de juventud?”.

Me gusta traducir. La editorial Norma hizo pública mi traducción de “El arte de la ficción”, de Henry James (en la colección Cara y Cruz). No hace mucho traduje la lecture que dictó el filósofo estadounidense Alasdair MacIntyre sobre los primeros principios y los fines últimos. Ya vio la luz en España.

La revista Ser Familia publicó durante un tiempo artículos como “¿Sí es bella la vida?”, sobre la película La vida es bella (también publicado por la revista Nuestro Tiempo de la Universidad de Navarra, España), como “Mujeres e historias”, o comentarios a las películas “Náufrago”, “Duelo de Titanes”, “Hannibal”, “El color del paraíso”, “Canto a la esperanza”, “Tienes un mail” y “El tigre y el dragón”. Si vuelvo a escribir sobre películas punlicaré el resultado en mis magazines, o lo incluiré en mi sitio mediante un vínculo en la página (con la debida "propaganda" en el magazín).

Mi vida de investigación, estudio, en fin, de lectura, sigue en marcha.

Ahora vivo en Manizales, en un nuevo giro inesperado de la vida; vine a ayudar a un hermano y a su esposa en la importante labor de la formación intelectual de sus hijos. Es una labor ardua -a la que que ahora ayudo tangencialmente- que ellos llevan adelante con decisión y valentía: sus bellos frutos no se hacen esperar. Reanudé mi labor como profesor (no me gusta el actual uso de la palabra "docente"), suspendida desde hace varios años, en la Universidad de Caldas (en buena hora ahora lejana). La continué en la Universidad Autónoma de Manizales y también vio su última hora. Vivo solo en apartamento arrendado: otro nuevo e inesperado giro de los acontecimientos que supone muchos cambios, pero que es realmente agradable, sobre todo porque gozo de jardín, de flores y, sobre todo, de pájaros, una de mis más deliciosas aficiones.

No se puede decir que sea empleado, aunque tengo algo de trabajo remunerado. Parece que eso no es para mí, y que quienes toman las decisiones sabias para la vida personal de los seres humanos saben darme lo necesario, obligándome a ser austero y facilitando mi labor de escritura (a la que yo debo obligarme, pues nadie la espera y nadie la paga). Como es lógico, los que se llaman ingresos son bien escasos, pero no me quejo: tengo todo lo necesario, y más. Confío en que el Dios omnipotente, a quien procuro servir, seguirá atendiendo a mi sustento como lo ha hecho durante toda mi vida: ¡bendito sea por siempre!

Espero que ese deseo de servicio y de labor honda que quiero prestar a mi país y a todos los hombres, que concreto con más cosas que la labor que intento con este sitio, sea realidad llena de frutos de los que pueda sentirse orgulloso mi Padre Celestial.

 
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